CHRISTINA ROSENVINGE CIERRA ESTA NOCHE EL CICLO ‘NOCHES DE PALACIO’ EN JAÉN

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A causa de la cancelación de los dos conciertos que estaban fechados para los días 18 y 19 de este mes en el ciclo ‘Noches de Palacio’ que organiza la Diputación de Jaén, concretamente hablamos de las bandas ‘Los Secretos’ y ‘El Consorcio’, Christina Rosenvinge será por esta medida la artista que cierre el ciclo de este 2020. Un año fatídico para las artes en general que esperemos se vuelvan más asiduas, menos perseguidas, y sigan siendo apoyadas por un público que cada vez más sabe que la cultura es necesaria y que gran parte de la población vive de esta industria. 

 En 2018 Christina Rosenvige presentaba su último disco ‘Un hombre rubio’, lo presentaba con el siguiente texto:

‘Un espectro recorre un Hombre rubio: es la sombra de un hombre misterioso que dialoga con sus fantasmas mientras buscan el Santo Grial y pide protección a los dioses durante la travesía. 

HOMBRE: del latín homo-is. Ser animado racional, varón o mujer. 

 Explicaba en una entrevista a efeeme.com que ‘En las letras de Un hombre rubio he participado de la definición de la palabra hombre en el diccionario de la RAE para jugar con distintas identidades masculinas: hijo, padre, amante…También he dejado abierta la posibilidad de que mediante el uso del masculino general en realidad esté hablando de mí misma… o de mí mismo. ¿Cuándo una mujer habla de la soledad como emoción universal debería hablar en masculino para incluir a los hombres?’

 

El disco ha tenido muy buenas críticas, según Mondo Sonoro :  https://www.mondosonoro.com/criticas/discos-musica/christina-rosenvinge-un-hombre-rubio/

Dos décadas de reinvención, con figuras como Steve Shelley y Nacho Vegas a su vera, dan para muchos eslabones de un crecimiento; en su caso, siempre con una pauta de acción: la necesidad de renacer con cada nuevo álbum. Así fue con el caveiano “La joven Dolores” (2011) y el endogámico “Lo nuestro” (2015), sus dos anteriores trabajos. Y como su carrera tiende a la reacción inmediata contra lo realizado anteriormente, para esta ocasión ha tocado la vía directa, un exuberante ramillete de ganchos, asimismo, nacidos de la abstracción en la singularidad.

Retazos kraut, minimalismo electrónico, búsqueda incesante de texturas y la adopción del poso atonal como refuerzo lírico. Christina Rosenvinge se ha convertido en una nigromante a la hora de traducir riesgo e investigación en canción de ley. Solamente así es posible que puedan surgir milagros como “Afónico”, en la que da rienda suelta a una sinfonía que absorbe la cadencia krautrock, y es capaz de metabolizarse en un destello pop de ansiedad polimórfica.

En su nueva empresa, una de sus motivaciones radica en la dilapidación de los roles genéricos: como en la tensión a lo P.J. Harvey que arrecia en “La flor entre la vía”. Desde esta marca de salida, la cascada melódica rompe en un abanico esplendoroso de frentes, ya sea desde el lirismo sentido de “La niña animal” o el traqueteo de música disco soterrado en “Berta multiplicada”. Detalles casi inapreciables como estos son los que afloran en un discurso que, más allá de su indudable riqueza melódica, muestran a una artista incapaz de dejarse mecer por la comodidad del reconocimiento, ya labrado desde hace unos cuantos discos atrás. Y menos con demostraciones de este calado. Se mire por dónde se mire, un soberano triunfo de los que traspasan hypes y cadenas temporales.

‘Noches de Palacio’. Concierto: Christina Rosenvinge

 

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